Por qué el consumo de alcohol produce sensación de calor en el cuerpo

Cuando se consumen bebidas con alcohol solemos notar una sensación de calor en el cuerpo, aunque en realidad no aumentemos nuestra temperatura. Esto es porque la dilatación de los vasos sanguíneos por culpa del alcohol acelera la pérdida de calor, lo que en otras palabras, produce una sensación de acaloramiento ficticia.

 

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El fin de semana es sinónimo de descanso, diversión y actividades de ocio. Para muchas personas, la llegada del viernes, sábado y domingo supone un buen momento para relajarse con familiares y amigos en fiestas o eventos sociales que traen consigo, en la mayoría de las ocasiones, el consumo de alcohol .

Cuando se toman este tipo de bebidas, a menudo notamos una cierta sensación de calor , lo que hace que una gran parte de la gente crea —erróneamente— que el alcohol ayuda a mantener o aumentar la temperatura corporal, cuando en realidad sucede todo lo contrario.

Cómo afecta el alcohol a la sensación de calor o frío

La sensación subjetiva de calor o frío depende de las terminaciones nerviosas sensibles a la temperatura que se encuentran en la piel. Dichas terminaciones son las que estiman la temperatura cutánea y, por lo tanto, son las responsables de que tengamos una sensación de frío o calor, según recuerda Ángel Luis García Villalón , catedrático de Fisiología en la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de Madrid.

El consumo de bebidas alcohólicas produce la dilatación de los vasos sanguíneos de la piel

El alcohol es una sustancia que produce vasodilatación, es decir, provoca que los vasos sanguíneos aumenten su diámetro interno para permitir que fluya más sangre, un fenómeno contrario a la vasoconstricción, que causa justamente lo contrario (la reducción del tamaño de las arterias, las venas y los capilares). El consumo de alcohol, por tanto, hace que las arterias cutáneas se dilaten y que llegue más sangre a la piel , apunta García Villalón. Como consecuencia, la piel se calienta al recibir más flujo sanguíneo, estimulando a su vez las terminaciones sensibles al calor.

Sin embargo, al contrario de lo que pueda parecer, la dilatación de los vasos sanguíneos por culpa del alcohol acelera la pérdida de calor, en otras palabras, procede una sensación de acaloramiento ficticia —ya que solo sucede en la piel, y no en el resto del cuerpo—. La realidad es que el consumo de bebidas alcohólicas no ayuda a resistir el frío. Así lo han confirmado diversas investigaciones sobre el efecto que tiene el alcohol en la termorregulación en condiciones de altas  y bajas temperaturas . Su impacto es tan importante que las personas que han ingerido grandes cantidades de esta sustancia pueden llegar a morir de hipotermia en un día muy frío al no ser conscientes de lo que ocurre en realidad en su organismo.

Los efectos perjudiciales del alcohol en la salud

A pesar de que el alcohol está presente en nuestra vida diaria y, especialmente, en numerosos eventos sociales, la evidencia científica actual demuestra lo dañina que resulta esta sustancia para nuestro organismo. No solo porque engañe a nuestro sistema termorregulador, sino porque beber —ya sea demasiado en una sola ocasión o de forma frecuente— tiene consecuencias perjudiciales  para el cuerpo.

El consumo de alcohol se relaciona con más de 200 enfermedades

Los Institutos Nacionales de la Salud  (NIH, por sus siglas en inglés) de Estados Unidos han evaluado cuáles son sus efectos negativos. El alcohol, por ejemplo, afecta a las rutas de comunicación que emplea nuestro cerebro, causando como resultado un daño en la coordinación motora, el comportamiento o en el estado de ánimo. Esta sustancia psicoactiva también se caracteriza por provocar problemas en el hígado, el corazón, el sistema inmunológico o el páncreas.

Según la Organización Mundial de la Salud , cada año se producen más de 3,3 millones de muertes al año directamente relacionadas con el consumo de alcohol, lo que representa un 5,9% del total de fallecimientos anuales. Tomar bebidas alcohólicas, de hecho, se asocia con una amplia gama de más de 200 enfermedades. Hechos no siempre conocidos, a tenor de la alta prevalencia del alcohol  en la sociedad.

El alcohol causa más de 3,3 millones de fallecimientos al año, según datos de la OMS

Entre otras patologías, los expertos destacan trastornos mentales y de comportamiento, cirrosis hepática, algunos tipos de cáncer  y enfermedades cardiovasculares, un impacto que depende de dos factores diferenciados pero relacionados, el volumen total consumido y el patrón que se siga a la hora de beber. Además de estas patologías, es evidente que el alcohol también está detrás de muchos accidentes de tráfico o incidentes violentos, por lo que los expertos recomiendan no ingerir este tipo de bebidas.

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Heroína, la pesadilla de América

La epidemia de muertes por cócteles de opiáceos revienta los registros históricos en EE UU

Heroína Estados Unidos
Un adicto en una calle del Bronx en Nueva York. SPENCER PLATT AFP

Luis González fue adicto al crack y a la cocaína, estuvo preso, se rehabilitó, fue guardaespaldas de un cantante de los Bee Gees y se hizo guía de adictos en un centro de desintoxicación. Pero a sus curtidos 59 años no había visto nada como lo que está pasando ahora. “Se están yendo todos al cementerio”, dice. La epidemia de los opiáceos abrasa las venas de EE UU. Según The New York Times, en 2016 las drogas mataron a más personas que nunca, al menos 59.700 (una proyección a partir de datos oficiales del primer semestre y que continúa la escalada desde los 47.000 de 2014 y los 52.400 de 2015). El año pasado murieron por esta causa más americanos que en los 19 años de la guerra de Vietnam.

Del total de muertes, unas 35.000 fueron por consumo de heroína sola o cortada con opiáceos sintéticos ilegales que tienen su principal origen en China y que hasta traficantes de poca monta logran recibir por correo tras pedirlos en páginas ocultas de Internet. El compuesto más común desde hace cinco años, 50 veces más fuerte que la heroína, es el fentanilo —que mató a Prince en 2016—, y otro más reciente pero poco usual es el carfentanilo, 100 veces más potente que el fentanilo y capaz de sedar con una pizca a un elefante de seis toneladas.

Pero ningún peligro por desmedido que sea parece espantar a un heroinómano. “No me da miedo”, afirma Edward [los nombres de los adictos entrevistados son ficticios a petición suya], un blanco de 31 años en Overtown, el gueto negro más antiguo de Miami. “Es una jodida locura lo que te digo, ¿verdad? Pues no me da miedo. Llega un momento en que no te importa nada. Esta mañana me levanté enfermo, vomitando y acabé comprando una heroína de mierda, sin ninguna potencia. Una pura basura”. Diez minutos después, Edward estaba en suelo, desplomado contra un semáforo, viendo los coches pasar.

“La información disponible sugiere que el problema seguirá empeorando durante 2017”, indica por correo electrónico Nora Volkow, directora del Instituto Nacional sobre el Abuso de Drogas (NIDA). “Esta tendencia es el resultado de una crisis de salud pública alarmante. La sobredosis de droga ya es la causa de muerte más común entre los americanos menores de 50 años”, añade.

El boom de la heroína ha escalado esta década y es consecuencia de la barra libre que se dio en la anterior al consumo médico de potentes analgésicos legales. Siguiendo la estela de la batalla de los noventa contra las tabaqueras, varios Estados han demandado a farmacéuticas por haber alentado supuestamente el consumo de medicamentos adictivos influyendo en infinidad de doctores que los recetaron sin mesura. Florida se volvió la capital de las clínicas que despachan pastillas, llamadas pill mill (molinos de píldoras)

“Yo empecé con la oxicodina”, recuerda Dylan, un rubio de teleserie de adolescentes de 23 años enganchado a la heroína. “Odio estar así. Yo fui un tipo muy popular cuando era un chaval. Pero la cagué”. Ana, de 25 años y origen puertorriqueño, tuvo una entrada a la heroína que rompe el alma: “Mi abuelo era adicto y me la puyó para violarme cuando tenía 14 años. Me quedé embarazada y aborté”. Ahora camina sobre la cuerda de los cócteles salvajes que consume: “Desde enero ya me he muerto cinco veces. Cada día le ponen cosas más fuertes a la mezcla y me muero más que antes”.

Ana, Edward y Dylan reciben atención del Miami Needle Exchange, una ONG de financiación privada que les da jeringuillas nuevas, y les hace pruebas de VIH —Miami es la segunda ciudad en nuevas infecciones tras Baton Rouge (Luisiana)—. Los trabajadores del programa aparcan su furgoneta y la briosa coordinadora Emelina Martínez, de 49 años, sale a caminar por Overtown para saludar y que se sepa que han llegado. En cada esquina se perciben los movimientos huidizos entre manos que hacen correr la droga con discreción. Una blanca dicharachera y delgada como un alambre se saluda en medio segundo con un negro en bicicleta y esconde sus dosis bajo el pantalón. “Es La Flaca”, dice Emelina. Un treintañero blanco con una calavera en la camiseta pasa en patinete a su lado y le hace un gesto malencarado. “Él es de los más ariscos”, comenta.

En Florida, uno de los Estados más castigados por la plaga, murieron más de 4.000 personas en 2016 por sobredosis relacionadas con opiáceos, según cálculos preliminares no oficiales. Las estadísticas públicas registraron de 2014 a 2015 un incremento de más del 100% en muertes por heroína y fentanilo. Los casos recogidos por los medios resultan cada vez más cruentos. El pasado sábado se difundió la autopsia de una pareja que fue hallada muerta en la madrugada de Año Nuevo en Daytona Beach (Florida) con sus tres hijos pequeños en la parte trasera de su coche. Sobredosis por fentanilo.

Después de varios años resistiéndose, el gobernador Rick Scott, un republicano muy conservador, declaró en mayo el estado de emergencia sanitaria y asignó 54 millones de dólares (48,2 millones de euros) para el próximo bienio dedicada a la prevención, el tratamiento y la rehabilitación. Los adictos, reconoció Scott, “son hijos, hijas, madres, padres, hermanas, hermanos y amigos y sus tragedias dejan a sus seres queridos buscando respuestas y elevando plegarias para que alguien los ayude”

Tomando café junto a su amigo de origen cubano Luis González, Danny Tricoche, de origen puertorriqueño, exheroinómano de 63 años y miembro de otro centro de rehabilitación, dice con resquemor: “Antes la droga era cosa de los latinos y los negros pobres de las grandes ciudades y ahora que se fue para los suburbios de blancos, ¡ah!, ahora sí que tenemos un gran problema”. Los registros de usuarios de la organización Miami Needle Exchange plasman la novedosa característica racial de la epidemia: 152 son blancos, 117 son latinos y solamente 12 son afroamericanos. Emelina Martínez dice: “A los jóvenes negros les gusta la marihuana pero no los sueles ver consumiendo heroína. Creo que como se criaron viendo en sus calles a estos drogadictos y saben lo que pasó con sus padres con el crack en los noventa, no se meten en eso”. Cuenta que a su furgoneta llegan profesionales de barrios acomodados conduciendo sus coches de gama alta, intercambian sus jeringuillas sin apenas decir palabra y se retiran.

“Yo no entiendo esta matazón”, se lamenta González, y relata con cercanía ejemplos de la nueva pesadilla americana que por su trabajo conoce de primera mano, como “una cheerleader de Carolina del Norte que no sale de Overtown” o una bailarina de streptease a la que llamaban Strawberry [fresa] por su melena pelirroja: “Hace un tiempo me vino a pedir dinero y le rogué que anduviera con cuidado porque le están echando fentanilo a todo. Pero ella ya estaba tan malita que dijo: “A mí el fentanilo me cura”. Bueno, pues hace un mes apareció muerta debajo de un puente. Así se nos fue la Strawberry. Pobre blanquita”.

Datos de una nación adicta

Un joven adicto en el barrio de Overtown (Miami).
Un joven adicto en el barrio de Overtown (Miami). P. DE LLANO

Las cifras de la epidemia son desmesuradas. En 2015 dos millones de americanos tuvieron problemas con opiáceos de receta y 591.000 con heroína. Esta droga supuso ese año un costo social de 51.000 millones de dólares, casi lo mismo que el nuevo aumento para gasto militar anunciado por la Casa Blanca. EE UU suma un 5% de la población mundial pero consume el 80% del mercado global de opiáceos farmacológicos. Policías y bomberos han empezado a portar dosis de naloxona, un antídoto urgente para sobredosis, para intervenir en las que se encuentran en las calles. Nora Volkow, directora del principal instituto público contra la droga, afirma que urge una respuesta “multifacética” para la que defiende “investigar medicamentos alternativos no adictivos contra el dolor; desarrollar métodos más efectivos para contrarrestar las sobredosis y para el tratamiento de la adicción; y educar a la población, incluyendo a los doctores”. Trump ha creado una comisión contra la epidemia. En sus discursos la ha definido –junto “al crimen y las pandillas”– como un factor de lo que denomina “la carnicería americana”.

La adicción a la cocaína provoca acumulación de hierro en el cerebro

Dosis de cocaína.

La adicción a la cocaína puede afectar a la forma en la que el cuerpo procesa el hierro, llevando a una acumulación del mineral en el cerebro, según concluye una nueva investigación de la Universidad de Cambridge, en Reino Unido. El estudio, publicado este martes en ‘Translational Psychiatry’, plantea la esperanza de que pueda haber un biomarcador -una medida biológica de la adicción- que podría utilizarse como objetivo para futuros tratamientos.

La cocaína es una de las drogas ilícitas más utilizadas en el mundo occidental y es altamente adictiva. Un informe realizado el año pasado por el Consejo Asesor del Gobierno de Reino Unido sobre el Uso Indebido de Drogas encontró que casi uno de cada 10 de todas las personas de 16 a 59 años ha consumido cocaína en su vida. El consumo de cocaína está implicado, pero no necesariamente es la causa de 234 muertes en Escocia, Inglaterra y Gales.

Sin embargo, a pesar de los avances significativos para entender más sobre la biología de la adicción -incluyendo la forma en que el cerebro de las personas adictas a la cocaína puede diferir en la estructura- no hay actualmente un tratamiento médico para la adicción a la cocaína, por lo que la mayoría de las personas son tratadas con terapia cognitiva o habla

Un equipo de investigadores liderado por la doctora Karen Ersche, del Departamento de Psiquiatría de Cambridge, examinó el tejido cerebral en 44 personas que eran adictas a la cocaína y 44 voluntarios de control sanos. En el grupo de la cocaína, detectaron cantidades excesivas de hierro en una región del cerebro conocida como ‘globus pallidus’ (globo pálido), que normalmente actúa como un “freno” para inhibir el comportamiento.

Particularmente sorprendente fue el hecho de que la concentración de hierro en esta área estuviera directamente relacionada con la duración del consumo de cocaína, es decir, cuanto más tiempo habían consumido cocaína los participantes, mayor era la acumulación de hierro. Al mismo tiempo, el incremento de la concentración de hierro en el cerebro fue acompañado de una leve deficiencia de hierro en el resto del cuerpo, lo que sugiere que la regulación del hierro en general se interrumpe en las personas con adicción a la cocaína.

“Dado el importante papel que desempeña el hierro tanto en la salud como en la enfermedad, normalmente, el metabolismo del hierro se regula de manera estricta”, . “Sin embargo, el uso a largo plazo de la cocaína parece interrumpir esta regulación, lo cual puede causar daño significativo”

“El hierro se utiliza para producir glóbulos rojos, que ayudan a almacenar y transportar oxígeno en la sangre. Por lo tanto, la deficiencia de hierro en la sangre significa que los órganos y tejidos no pueden obtener tanto oxígeno como necesitan. Por otra parte, sabemos que el exceso de hierro en el cerebro está vinculado con la muerte celular, que es lo que frecuentemente vemos en enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer o la enfermedad de Parkinson”, detalla.

Los investigadores de Cambridge ahora intentan identificar los mecanismos precisos por los cuales la cocaína interactúa con la regulación del hierro. Ersche cree que el mecanismo más probable es que la cocaína altere el metabolismo del hierro, posiblemente reduciendo la absorción de hierro de los alimentos y aumentando la permeabilidad de la barrera hematoencefálica para que entre más hierro en el cerebro, donde puede acumularse.

Aunque el exceso de hierro en el cerebro se asocia con neurodegeneración, no se sugiere que la adicción a la cocaína lleva a un mayor riesgo de enfermedad de Alzheimer o Parkinson. El mecanismo que subyace al incremento de hierro en el cerebro en el Parkinson, por ejemplo, es diferente al de la adicción a la cocaína, al igual que las regiones cerebrales afectadas.

Como un micronutriente esencial, el hierro sólo se puede obtener a través de nuestra dieta y no puede excretarse, salvo por la pérdida de sangre. Los investigadores ahora quieren averiguar si los medios para corregir las alteraciones en el metabolismo del hierro podrían ralentizar o incluso revertir la acumulación de hierro en el cerebro y, en última instancia, ayudar a los individuos afectados a recuperarse con éxito de la adicción a la cocaína.

El corazón envejece más rápido por consumir anfetaminas

Científicos de la Universidad de Australia Occidental han descubierto que las drogas de la familia de las anfetaminas, entre las que se encuentran el cristal, el ‘speed’ o el éxtasis, pueden acelerar el envejecimiento biológico del corazón con independencia de la salud cardiovascular de los consumidores.

 

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El trabajo, publicado en la revista ‘Heart Asia’, se centró en el impacto del consumo recreativo de estas sustancias, que ya se han asociado con problemas cardiovasculares, tales como aceleración de la frecuencia cardiaca, aumentos bruscos de la presión arterial o un mayor riesgo de ictus, infarto o aneurisma.

Además, su consumo prolongado suele traducirse en un envejecimiento prematuro de la piel, de ahí que los investigadores quisieran saber si también podía deteriorar precozmente el corazón.

Para ello, midieron el flujo sanguíneo de la arteria braquial en la parte superior del brazo y el de la arteria radial en el antebrazo en un total de 713 personas de entre 30 y 40 años que acudieron a una clínica de desintoxicación entre 2006 y 2011. El objetivo era medir su rigidez arterial, ya que estos vasos sanguíneos se endurecen a medida que el cuerpo envejece.

En su seguimiento utilizaron un medidor estándar de presión arterial y un sistema de monitorización no invasivo que permite calcular la edad vascular a partir del endurecimiento arterial, la edad, el sexo y la altura.

A cada paciente se le preguntó también por su consumo de drogas y fueron divididos en cuatro grupos: no fumadores (483); fumadores (107); consumidores de anfetaminas (55), y consumidores de metadona como sustitutiva de la heroóina (68).

La mayoría (94%) de los incluidos en el grupo de las anfetaminas las había consumido la semana anterior y casi la mitad incluso el día de antes, según admitieron en las 66 ocasiones en que fueron monitorizados.

Los resultados mostraron que, de los cuatro grupos, el sistema cardiovascular de los consumidores de anfetaminas parecía envejecer mucho más rápido que el de los fumadores y los usuarios de metadona, tanto en términos de edad cronológica pura como en el tiempo.

Además, esta diferencia se mantuvo incluso después de tener en cuenta otros factores de riesgo cardiovascular conocidos, como el peso, los niveles de colesterol y un indicador de inflamación, la proteína C reactiva.

En virtud de estos hallazgos, aunque muchos procesos fisiológicos en el cuerpo comienzan a fallar a lo largo de la vida como parte del proceso natural del envejecimiento, parece que el abuso de estas drogas agrava y acelera este proceso.

Entre las posibles causas de este deterioro, los autores creen que se puede deber a que las anfetaminas interfieren con el funcionamiento de las células madre que están implicadas en la reparación y renovación de los tejidos, y a la división celular normal. Además, admiten que no está claro si este daño puede ser reversible.

NARCONON OPNIONES

Hola mi nombre es Amparo quiero relatar mi testimonio por si pudiera ayudar a alguien.

La angustia y desesperación de tener a un hijo metido en el mundo del consumo es algo muy difícil de entender a menos que pases por ello.

tu casa se convierte en un campo de batalla diario, la impotencia no te deja ni comer ni dormir y hay días que ni respirar.

Tu niño, al que criaste desde que nació con todo el amor del mundo,intentando que sea lo mas feliz posible, de repente se convierte en un desconocido, deja de comunicar y solo viene a casa si necesita dormir por ya ni comer quiere.

Le llevas al medico pensando que el problema se puede solucionar con dos pastillitas,

cuando  no funciona a otro medico, luego a un psiquiatra entre tanto el cada día estaba peor.

Las discusiones con mi marido diarias por que todo lo haces mal y por que la responsabilidad nos la echábamos uno a otro.

Mientras yo veía a mi hijo sufrir , introvertido completamente, no hablaba y no me quería contar o no podía, pasaba los días triste y revenido, con un humor de perros, creo que no podía querer a nadie pues no se quería ni a si mismo, en mas de una ocasión me dijo que lo mejor era morirse y quitarse del medio.

Le apunte al centro de drogodependencias del barrio y las pautas a seguir no eran malas pero lo que a mi hijo le faltaba era la fuerza de voluntad, a veces las seguía a veces no, tenia que asistir tres días en semana , no me parecía suficiente y la verdad no mejoraba.

Unos amigos médicos nos recomendaron un tratamiento de ansioliticos bastante fuerte y lo tuvimos tomándolo durante un mes, un mes tirado en el sillón babeando y cuando termino el tratamiento vuelta a empezar.

Nadie podía ayudarnos!!!!!!!

Me recomendaban echarlo a la calle , pero si mi hijo quería curarse, no sabíamos como pero el ahora lo pedía a gritos, ademas como puede una madre echar a la calle a su hijo enfermo y poder dormir, yo no podía.

La vida puso en mis manos un panfleto, estaba en el parabrisas de mi coche, llegue a pensar que me lo habían puesto adrede, de un centro de rehabilitación en la sierra.

Al día siguiente mi hijo estaba interno en Narconon los Molinos , nos dio mucha confianza que no le dieran muchas pastillas y que las terapias fueran a nivel individual.

El primer mes ya se le veía mas despierto y cogió kilos y yo también.

Os aseguro que llevaba años sin dormir toda la noche entera y cuando le visitábamos me volvía aun mas contenta tenia de nuevo ilusión por las cosas y se preocupaba por nosotros.

no solo le sacaron del pozo de las drogas es que ademas le trabajaron la autoestima y mi hijo resplandecía de nuevo , ese si era mi hijo seguro feliz, yo mas.

ya han pasado 3 años de esto y puedo asegurar que cada mañana rezo por todos los  terapeutas a los que les debo mi vida y mi sonrisa.

Un enorme abrazo a todo el staff de Narconon Los Molinos y estáis siempre en mi pensamiento amigos.

 

 

 

EFECTOS DEL ALCOHOL

El alcohol es parte de la cultura y de la forma de vida de muchas personas.

La gente bebe alcohol, es decir, bebidas alcohólicas, para relajarse, socializarse, con motivo de alguna celebración, además de por su sabor.

Imágen de efectos del alcohol

El reto para nuestra sociedad es llegar a un equilibrio entre el lugar que ocupa el alcohol en nuestra cultura y los riesgos para la salud asociados con beber en alcohol en exceso lo cual no es saludable si se realiza durante un largo período de tiempo.

Bebidas alcohólicas estándar

Una bebida alcohólica estándar contienen de media unos 10 gramos de alcohol puro. Los hoteles y los restaurantes suelen servir bebidas con alcohol en vasos o copas de tamaño estándar. El vino, sin embargo, se vende normalmente en cantidades de 140 ml o 200 ml. Las botellas que compramos para nuestro hogar no tienen un tamaño estándar. En las etiquetas de las botellas y latas de bebidas alcohólicas podemos ver la cantidad de bebida así como los grados de alcohol que tienen.

Efectos del consumo de alcohol

Cada persona responde de manera diferente al consumo de alcohol, por lo tanto, no es posible definir de forma genérica los efectos que puede tener el consumo de un cierto número de bebidas en una persona. La concentración de alcohol en sangre se puede utilizar como guía de cómo afecta una cantidad determinada de alcohol en el comportamiento.

Efectos a corto plazo

El alcohol empieza a afectar al cerebro durante los cinco minutos siguientes de haber sido consumido. Los picos de alcoholemia se muestran entre los 30 a 45 minutos después de haber consumido una bebida estándar. El consumo rápido de varias bebidas da como resultado una tasa de alcoholemia mayor porque el cuerpo sólo puede descomponer como máximo una bebida estándar por hora.

Los efectos del alcohol varían dependiendo de varios factores, entre los que se incluyen:

  • Tipo y cantidad de alcohol consumido.
  • La edad, el peso y el género de la persona que lo consume.
  • El estado físico de la persona.
  • Si hay alimentos en el estómago.
  • El momento de beber.
  • La situación en la que se bebe
  • El estado de salud mental
  • Otras condiciones de salud que empeoran por el consumo de alcohol.

Los riesgos de la intoxicación etílica

La intoxicación es la causa más común de los problemas relacionados con el alcohol, dando lugar a lesiones y muertes prematuras. Como resultado, dos tercios de los intoxicados acaban perdiendo la vida. El alcohol es responsable del:

  • 30% de los accidentes de tráfico.
  • 44% de las quemaduras.
  • 34% de las caídas y ahogamientos.
  • 16% de los casos de abuso infantil.
  • 12% de los suicidios.
  • 10% de los accidentes industriales.

Además de las muertes, hay otros efectos a corto plazo, como la enfermedad y la pérdida de la productividad en el trabajo (por ejemplo, las resacas, las infracciones de tráfico). Además, el alcohol contribuye a una conducta delictiva.

Efectos a largo plazo del consumo de alcohol

A largo plazo el consumo excesivo de alcohol está asociado con:

  • Daños en el corazón.
  • Alta presión arterial y riesgo de infarto.
  • Enfermedad del hígado.
  • Varios tipos de cáncer del sistema digestivo.
  • Otros trastornos del sistema digestivo (por ejemplo, las úlceras de estómago).
  • Impotencia y disminución de la fertilidad.
  • Aumento del riesgo de cáncer de mama.
  • Dificultades para dormir.
  • Daños cerebrales y cambios de humor y personalidad.
  • Problemas de concentración y de memoria.
  • Condiciones relacionadas con la nutrición.
  • Riesgos para el feto.

Además de los problemas de salud, el alcohol también tiene un impacto en las relaciones sociales y personales, las finanzas, el trabajo que puede derivar en problemas legales.

La tolerancia al alcohol y su dependencia

Las personas pueden desarrollar tolerancia y dependencia a diferentes sustancias. La tolerancia significa que se sienten menos los efectos que antes sentían con la misma cantidad de alcohol. La dependencia significa que el alcohol se convierte en el centro de su vida y continúan bebiendo a pesar de ser conscientes de los daños causados por ese consumo. Los dependientes del alcohol se pasan gran parte del tiempo pensando en el alcohol, su obtención, consumición y recuperación de sus efectos. Estas personas tendrán dificultades en dejar de beber o en controlar la cantidad consumida.

Combatir el alcoholismo

La persona que tiene una dependencia física del alcohol experimenta síntomas de abstinencia cuando deja de beber o reduce sustancialmente su consumo. Los síntomas comienzan generalmente entre las 6 y las 24 horas después de la última copa. Los síntomas duran unos cinco días e incluyen:

  • Temblores.
  • Náuseas y vómitos.
  • Ansiedad y nerviosismo.
  • Depresión.
  • Sudoración.
  • Dolor de cabeza.
  • Dificultad para dormir (puede durar varias semanas).

La abstinencia del alcohol puede ser muy peligrosa. En las personas que beben más de ocho bebidas estándar por día se recomienda discutir la decisión de dejar de beber con un médico con la finalidad de establecer la necesidad de un tratamiento para prevenir complicaciones posteriores.

NARCONON LOS MOLINOS. Centro de desintoxicacion de drogas y alcohol.

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