Por qué el consumo de alcohol produce sensación de calor en el cuerpo

Cuando se consumen bebidas con alcohol solemos notar una sensación de calor en el cuerpo, aunque en realidad no aumentemos nuestra temperatura. Esto es porque la dilatación de los vasos sanguíneos por culpa del alcohol acelera la pérdida de calor, lo que en otras palabras, produce una sensación de acaloramiento ficticia.

 

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El fin de semana es sinónimo de descanso, diversión y actividades de ocio. Para muchas personas, la llegada del viernes, sábado y domingo supone un buen momento para relajarse con familiares y amigos en fiestas o eventos sociales que traen consigo, en la mayoría de las ocasiones, el consumo de alcohol .

Cuando se toman este tipo de bebidas, a menudo notamos una cierta sensación de calor , lo que hace que una gran parte de la gente crea —erróneamente— que el alcohol ayuda a mantener o aumentar la temperatura corporal, cuando en realidad sucede todo lo contrario.

Cómo afecta el alcohol a la sensación de calor o frío

La sensación subjetiva de calor o frío depende de las terminaciones nerviosas sensibles a la temperatura que se encuentran en la piel. Dichas terminaciones son las que estiman la temperatura cutánea y, por lo tanto, son las responsables de que tengamos una sensación de frío o calor, según recuerda Ángel Luis García Villalón , catedrático de Fisiología en la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de Madrid.

El consumo de bebidas alcohólicas produce la dilatación de los vasos sanguíneos de la piel

El alcohol es una sustancia que produce vasodilatación, es decir, provoca que los vasos sanguíneos aumenten su diámetro interno para permitir que fluya más sangre, un fenómeno contrario a la vasoconstricción, que causa justamente lo contrario (la reducción del tamaño de las arterias, las venas y los capilares). El consumo de alcohol, por tanto, hace que las arterias cutáneas se dilaten y que llegue más sangre a la piel , apunta García Villalón. Como consecuencia, la piel se calienta al recibir más flujo sanguíneo, estimulando a su vez las terminaciones sensibles al calor.

Sin embargo, al contrario de lo que pueda parecer, la dilatación de los vasos sanguíneos por culpa del alcohol acelera la pérdida de calor, en otras palabras, procede una sensación de acaloramiento ficticia —ya que solo sucede en la piel, y no en el resto del cuerpo—. La realidad es que el consumo de bebidas alcohólicas no ayuda a resistir el frío. Así lo han confirmado diversas investigaciones sobre el efecto que tiene el alcohol en la termorregulación en condiciones de altas  y bajas temperaturas . Su impacto es tan importante que las personas que han ingerido grandes cantidades de esta sustancia pueden llegar a morir de hipotermia en un día muy frío al no ser conscientes de lo que ocurre en realidad en su organismo.

Los efectos perjudiciales del alcohol en la salud

A pesar de que el alcohol está presente en nuestra vida diaria y, especialmente, en numerosos eventos sociales, la evidencia científica actual demuestra lo dañina que resulta esta sustancia para nuestro organismo. No solo porque engañe a nuestro sistema termorregulador, sino porque beber —ya sea demasiado en una sola ocasión o de forma frecuente— tiene consecuencias perjudiciales  para el cuerpo.

El consumo de alcohol se relaciona con más de 200 enfermedades

Los Institutos Nacionales de la Salud  (NIH, por sus siglas en inglés) de Estados Unidos han evaluado cuáles son sus efectos negativos. El alcohol, por ejemplo, afecta a las rutas de comunicación que emplea nuestro cerebro, causando como resultado un daño en la coordinación motora, el comportamiento o en el estado de ánimo. Esta sustancia psicoactiva también se caracteriza por provocar problemas en el hígado, el corazón, el sistema inmunológico o el páncreas.

Según la Organización Mundial de la Salud , cada año se producen más de 3,3 millones de muertes al año directamente relacionadas con el consumo de alcohol, lo que representa un 5,9% del total de fallecimientos anuales. Tomar bebidas alcohólicas, de hecho, se asocia con una amplia gama de más de 200 enfermedades. Hechos no siempre conocidos, a tenor de la alta prevalencia del alcohol  en la sociedad.

El alcohol causa más de 3,3 millones de fallecimientos al año, según datos de la OMS

Entre otras patologías, los expertos destacan trastornos mentales y de comportamiento, cirrosis hepática, algunos tipos de cáncer  y enfermedades cardiovasculares, un impacto que depende de dos factores diferenciados pero relacionados, el volumen total consumido y el patrón que se siga a la hora de beber. Además de estas patologías, es evidente que el alcohol también está detrás de muchos accidentes de tráfico o incidentes violentos, por lo que los expertos recomiendan no ingerir este tipo de bebidas.

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La marihuana triplica el riesgo de muerte por hipertensión

Así lo pone de manifiesto un estudio de la Escuela de Salud Pública de la Universidad Estatal de Georgia, en Estados Unidos.

Fumar marihuana triplica el riesgo de muerte por hipertensión, según ha puesto de manifiesto un estudio realizado por investigadores de la Escuela de Salud Pública de la Universidad Estatal de Georgia, Estados Unidos, y que ha sido publicado en European Journal of Preventive Cardiology.

En ausencia de datos oficiales sobre el consumo de marihuana, los investigadores diseñaron un estudio retrospectivo de seguimiento de los participantes de más de 20 años de la National Health and Nutrition Examination Survey, durante los años 2005 y 2006. A todos ellos se les preguntó si fumaban marihuana, la edad en la que comenzaron a fumarla y durante cuánto tiempo estuvieron fumando. Esta información se combinó con los datos de mortalidad registrados por el Centro Nacional de Estadísticas de Salud en 2011.

En concreto, los científicos se centraron en la duración del consumo de marihuana y las muertes por hipertensión, enfermedades cardíacas y cerebrovasculares. Además, tuvieron en cuenta el consumo de tabaco, la edad, el sexo y la etnia de los participantes.

De los 1.213 participantes, el 34% no había fumado marihuana ni tabaco, el 21% sólo marihuana, el 20% marihuana y tabaco, el 16% esta sustancia y anteriormente cigarros, el 5% habían consumido anteriormente marihuana y el 4% sólo había fumado tabaco. La duración media entre los que habían fumado marihuana era de unos 11,5 años.

De esta forma, los científicos observaron que los que habían consumido marihuana tenían 3,42 más riesgo de morir por hipertensión. No obstante, no observaron correlación entre la marihuana y las muertes por enfermedad cardíaca o cerebrovascular.

Descubren mecanismos implicados en el aumento del riesgo de cáncer por abuso de alcohol

Científicos del Centro de Regulación Genómica de Barcelona han descubierto que los errores introducidos por el ‘corrector del ADN’, un mecanismo cuya función es reparar los daños en el genoma, son una “importante” causa de cáncer.

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Científicos del Centro de Regulación Genómica de Barcelona han descubierto que los errores introducidos por el ‘corrector del ADN’, un mecanismo cuya función es reparar los daños en el genoma, son una “importante” causa de cáncer.

La luz del sol y el consumo de alcohol favorecen que estos errores ocurran, dando lugar a más mutaciones en las regiones más importantes del genoma. De hecho, la principal causa del cáncer son los cambios en el ADN de las células que se van acumulando a lo largo de la vida, y no tanto, los que se ha heredado de los padres.

Ahora bien, según los expertos, identificar las causas de estos cambios o mutaciones es un reto “muy difícil” porque hay muchos procesos que pueden dar lugar a un mismo cambio en la secuencia del ADN. En este sentido, los investigadores han identificado uno de los mecanismos importantes que causa estas mutaciones y han visto que se trata de una serie de errores que introduce el ‘corrector’ del ADN.

En concreto, los científicos han detectado este proceso estudiando grupos de mutaciones en más de un millar de genomas de tumores, es decir, han estado buscando mutaciones que se encontraran muy cerca, en una misma región del genoma, de manera que fuera muy difícil que se tratara de una casualidad. El objetivo era obtener una visión más precisa de los factores mutágenos que afectan a las células humanas y que podrían dar lugar al cáncer.

Es probable que los grupos de mutaciones hayan producido al mismo tiempo, así que, si buscamos varias mutaciones cercanas que aparezcan todas a la vez, podemos tener una mejor comprensión de qué es lo que ha dañado el ADN. Es como cuando la policía estudia un patrón de crímenes recurrentes con el fin de encontrar un asesino en serie. Aquí, nosotros demostramos que estudiando patrones de grupos de mutaciones y utilizando un gran número de genomas de cáncer, podemos identificar a los culpables que causan las mutaciones en los tumores”, ha comentado el primer autor del trabajo en el centro, Fran Supek.

Nuevos mecanismos biológicos implicados en el cáncer

Estudiando los grupos de mutaciones, los científicos han identificado nueve marcas de mutaciones que eran evidentes en más de 1.000 genomas de tumores de diversos órganos. Sus resultados, publicados en la revista ‘Cell’, han mostrado nuevos procesos que causan mutaciones, incluido un caso inusual en el que está implicado el mecanismo de reparación del ADN, el cual se puede encontrar alterado y empezar a introducir grupos de mutaciones.

“Nuestro trabajo ofrece información sobre nuevos mecanismos biológicos que hay detrás de algunos tipos de cánceres. Por ejemplo, los principales oncogenes implicados en melanoma son bastante conocidos, pero no sabemos qué mutaciones son las que hacen que se activen estos oncogenes. Aunque hay bastantes mutaciones en melanoma que se sabe que son una consecuencia directa de la radiación ultravioleta, el origen de las mutaciones que afectan a los principales oncogenes todavía es un misterio. Nosotros hemos identificado un mecanismo que tiene la capacidad de activar estos oncogenes y de inducir el cáncer en melanoma”, ha añadido Supek.

Dicho esto, el científico ha comentado que uno de estos nuevos procesos de mutación es “bastante inusual” y es el más evidente en genes que se encuentran activos. Y es que, la reparación de ADN se centra especialmente en aquellas regiones donde es más necesario preservar la información genética.

Nuestros resultados sugieren que la exposición a carcinógenos, tales como grandes cantidades de alcohol, pueden desequilibrar la maquinaria de reparación y hacerla pasar de un modo de alta fidelidad y precisión, hacia un modo propenso a hacer errores. Ello hace disparar las tasas de mutación en las partes más importantes del genoma. Esta propensión al error del mecanismo de reparación genera un gran número de mutaciones y es probablemente una de las principales fuentes de mutaciones en las células humanas”, ha añadido el investigador Ben Lehner, profesor de investigación ICREA y jefe de grupo en la Unidad de Biología de Sistemas del EMBL-CRG.

Finalmente, el trabajo ha sugerido que uno de los efectos del alcohol, cuando se consume en grandes cantidades, es el incremento en el uso de la reparación de baja fidelidad del ADN y, de este modo, se incrementa también la tasa de mutaciones en las regiones más importantes del genoma. Este hallazgo ofrece una primera pista y deja entrever uno de los mecanismos por los que el alcohol puede contribuir al riesgo de cáncer, al igual que una alta exposición a la luz del sol o al tabaquismo.

La adicción a la cocaína provoca acumulación de hierro en el cerebro

Dosis de cocaína.

La adicción a la cocaína puede afectar a la forma en la que el cuerpo procesa el hierro, llevando a una acumulación del mineral en el cerebro, según concluye una nueva investigación de la Universidad de Cambridge, en Reino Unido. El estudio, publicado este martes en ‘Translational Psychiatry’, plantea la esperanza de que pueda haber un biomarcador -una medida biológica de la adicción- que podría utilizarse como objetivo para futuros tratamientos.

La cocaína es una de las drogas ilícitas más utilizadas en el mundo occidental y es altamente adictiva. Un informe realizado el año pasado por el Consejo Asesor del Gobierno de Reino Unido sobre el Uso Indebido de Drogas encontró que casi uno de cada 10 de todas las personas de 16 a 59 años ha consumido cocaína en su vida. El consumo de cocaína está implicado, pero no necesariamente es la causa de 234 muertes en Escocia, Inglaterra y Gales.

Sin embargo, a pesar de los avances significativos para entender más sobre la biología de la adicción -incluyendo la forma en que el cerebro de las personas adictas a la cocaína puede diferir en la estructura- no hay actualmente un tratamiento médico para la adicción a la cocaína, por lo que la mayoría de las personas son tratadas con terapia cognitiva o habla

Un equipo de investigadores liderado por la doctora Karen Ersche, del Departamento de Psiquiatría de Cambridge, examinó el tejido cerebral en 44 personas que eran adictas a la cocaína y 44 voluntarios de control sanos. En el grupo de la cocaína, detectaron cantidades excesivas de hierro en una región del cerebro conocida como ‘globus pallidus’ (globo pálido), que normalmente actúa como un “freno” para inhibir el comportamiento.

Particularmente sorprendente fue el hecho de que la concentración de hierro en esta área estuviera directamente relacionada con la duración del consumo de cocaína, es decir, cuanto más tiempo habían consumido cocaína los participantes, mayor era la acumulación de hierro. Al mismo tiempo, el incremento de la concentración de hierro en el cerebro fue acompañado de una leve deficiencia de hierro en el resto del cuerpo, lo que sugiere que la regulación del hierro en general se interrumpe en las personas con adicción a la cocaína.

“Dado el importante papel que desempeña el hierro tanto en la salud como en la enfermedad, normalmente, el metabolismo del hierro se regula de manera estricta”, . “Sin embargo, el uso a largo plazo de la cocaína parece interrumpir esta regulación, lo cual puede causar daño significativo”

“El hierro se utiliza para producir glóbulos rojos, que ayudan a almacenar y transportar oxígeno en la sangre. Por lo tanto, la deficiencia de hierro en la sangre significa que los órganos y tejidos no pueden obtener tanto oxígeno como necesitan. Por otra parte, sabemos que el exceso de hierro en el cerebro está vinculado con la muerte celular, que es lo que frecuentemente vemos en enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer o la enfermedad de Parkinson”, detalla.

Los investigadores de Cambridge ahora intentan identificar los mecanismos precisos por los cuales la cocaína interactúa con la regulación del hierro. Ersche cree que el mecanismo más probable es que la cocaína altere el metabolismo del hierro, posiblemente reduciendo la absorción de hierro de los alimentos y aumentando la permeabilidad de la barrera hematoencefálica para que entre más hierro en el cerebro, donde puede acumularse.

Aunque el exceso de hierro en el cerebro se asocia con neurodegeneración, no se sugiere que la adicción a la cocaína lleva a un mayor riesgo de enfermedad de Alzheimer o Parkinson. El mecanismo que subyace al incremento de hierro en el cerebro en el Parkinson, por ejemplo, es diferente al de la adicción a la cocaína, al igual que las regiones cerebrales afectadas.

Como un micronutriente esencial, el hierro sólo se puede obtener a través de nuestra dieta y no puede excretarse, salvo por la pérdida de sangre. Los investigadores ahora quieren averiguar si los medios para corregir las alteraciones en el metabolismo del hierro podrían ralentizar o incluso revertir la acumulación de hierro en el cerebro y, en última instancia, ayudar a los individuos afectados a recuperarse con éxito de la adicción a la cocaína.

El peligro de las nuevas drogas

Derivados de fertilizantes para el campo, como la mefedrona, también conocida como comida para cáctus, aromatizantes de productos de limpieza, drogas que prometen hacer volar. Son algunos de los ejemplos de las nuevas sustancias desconocidas hasta ahora que han irrumpido en España en el último año gracias a las facilidades que ofrece Internet para comprar estas sustancias al margen de la ley.

El Sistema Español de Alerta Temprana (SEAT), coordinado por la Delegación del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas, “dispone de información contrastada sobre la circulación en el territorio nacional de una sustancia con efectos estimulantes, denominada ALFA-PVP (conocida como “Flakka”), cuyo consumo puede producir efectos graves para la salud, incluyendo intoxicaciones agudas e incluso la muerte. La forma de presentación más habitual de la ALFA-PVP en nuestro país es la de polvo de color blanco, aunque puede presentarse como polvo de color marrón o incluso negro, cápsulas conteniendo polvo, comprimidos sin logo o con él (“Lacoste”, “Playboy”, “Homer Simpson”u otros), líquido, o incluso en forma de gominolas de diferentes colores” podemos leer en la web del Plan Nacional sobre Drogas que señala que “hasta el momento, se ha identificado la presencia de ALFA-PVP en las Comunidades Autónomas de Baleares, Madrid, Andalucía, País Vasco, Galicia, Aragón y Comunidad Valenciana“.

De ahí que exista una enorme “preocupación desde el punto de vista de la salud porque son drogas que no han sido probadas, sus efectos son desconocidos, no se sabe que dosis pueden ser letales y además  el probela es el acceso a ellas a través de internet, deben saber que pueden comprar una sustancia con efectos totalmente distintos a los que creen que pueden ser un peligro, que preocupa mucho a nivel de población sobre todo escolar”.

El corazón envejece más rápido por consumir anfetaminas

Científicos de la Universidad de Australia Occidental han descubierto que las drogas de la familia de las anfetaminas, entre las que se encuentran el cristal, el ‘speed’ o el éxtasis, pueden acelerar el envejecimiento biológico del corazón con independencia de la salud cardiovascular de los consumidores.

 

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El trabajo, publicado en la revista ‘Heart Asia’, se centró en el impacto del consumo recreativo de estas sustancias, que ya se han asociado con problemas cardiovasculares, tales como aceleración de la frecuencia cardiaca, aumentos bruscos de la presión arterial o un mayor riesgo de ictus, infarto o aneurisma.

Además, su consumo prolongado suele traducirse en un envejecimiento prematuro de la piel, de ahí que los investigadores quisieran saber si también podía deteriorar precozmente el corazón.

Para ello, midieron el flujo sanguíneo de la arteria braquial en la parte superior del brazo y el de la arteria radial en el antebrazo en un total de 713 personas de entre 30 y 40 años que acudieron a una clínica de desintoxicación entre 2006 y 2011. El objetivo era medir su rigidez arterial, ya que estos vasos sanguíneos se endurecen a medida que el cuerpo envejece.

En su seguimiento utilizaron un medidor estándar de presión arterial y un sistema de monitorización no invasivo que permite calcular la edad vascular a partir del endurecimiento arterial, la edad, el sexo y la altura.

A cada paciente se le preguntó también por su consumo de drogas y fueron divididos en cuatro grupos: no fumadores (483); fumadores (107); consumidores de anfetaminas (55), y consumidores de metadona como sustitutiva de la heroóina (68).

La mayoría (94%) de los incluidos en el grupo de las anfetaminas las había consumido la semana anterior y casi la mitad incluso el día de antes, según admitieron en las 66 ocasiones en que fueron monitorizados.

Los resultados mostraron que, de los cuatro grupos, el sistema cardiovascular de los consumidores de anfetaminas parecía envejecer mucho más rápido que el de los fumadores y los usuarios de metadona, tanto en términos de edad cronológica pura como en el tiempo.

Además, esta diferencia se mantuvo incluso después de tener en cuenta otros factores de riesgo cardiovascular conocidos, como el peso, los niveles de colesterol y un indicador de inflamación, la proteína C reactiva.

En virtud de estos hallazgos, aunque muchos procesos fisiológicos en el cuerpo comienzan a fallar a lo largo de la vida como parte del proceso natural del envejecimiento, parece que el abuso de estas drogas agrava y acelera este proceso.

Entre las posibles causas de este deterioro, los autores creen que se puede deber a que las anfetaminas interfieren con el funcionamiento de las células madre que están implicadas en la reparación y renovación de los tejidos, y a la división celular normal. Además, admiten que no está claro si este daño puede ser reversible.

Un estudio concluye que el consumo de cocaína aumenta la probabilidad de mantener prácticas sexuales de riesgo

Según los autores, estos resultados hacen más apremiante la necesidad de promocionar la reducción de riesgos en las prácticas sexuales entre las personas usuarias de esta droga.

 

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La cocaína es una sustancia estimulante cuyo uso genera sentimientos de euforia, energía  e hiperatención. Hace ya mucho tiempo que su consumo se ha vinculado de manera anecdótica a unas tasas más elevadas de comportamientos impulsivos, entre los que se incluirían las prácticas sexuales de riesgo. No obstante esta relación ha resultado difícil de estudiar con rigor y control científico. Por este motivo, en EE UU se realizó un estudio que contó con un pequeño número de usuarios habituales de cocaína y cuyos resultados, publicados en la revista Psychopharmacology, apuntan a la “impaciencia” como una barrera obvia frente al uso del preservativo cuando las personas están bajo el efecto de esta droga.

En el estudio, a doble ciego, se compararon los efectos de varias dosis orales de cocaína y para entrar en él se excluyeron aquellos posibles participantes que estuvieran buscando ayuda para abandonar el consumo de cocaína (aunque a estas personas se les proporcionaron recursos y contactos para acceder a un tratamiento). Doce participantes completaron el estudio (ocho de los cuales eran hombres): ocho de etnia blanca, dos de origen afroamericano y los dos restantes de origen racial mixto. Su media de edad era de 27 años y todos tenían un nivel educativo superior a la escuela secundaria.

En las 24 horas previas a cada sesión de estudio, las personas participantes se abstuvieron del consumo de cualquier droga, incluyendo el alcohol. Cada participante tomó un comprimido de tres posibles (uno que no contenía cocaína, uno con una dosis de 125 miligramos de cocaína por cada 70 kilogramos de peso corporal o uno de 250 miligramos de cocaína por cada 70 kilogramos de peso corporal) en cada una de las tres sesiones de estudio. La toma se realizó en presencia de un miembro del personal del estudio. Posteriormente estas personas permanecieron en un entorno controlado durante aproximadamente 4,5 horas hasta que su presión arterial cayera por debajo de un nivel que demostraba que el efecto de la droga había desaparecido.

Durante el transcurso de la sesión, los participantes evaluaron cada 10 minutos el efecto de la droga (en una escala de cuatro puntos donde cero equivalía a ningún efecto y cuatro, a un efecto potente) y también puntuaron su nivel de deseo sexual en una escala de 100 puntos (en la que el cero equivalía a ausencia de deseo sexual y 100, a un gran deseo). Se observó que los niveles tanto de deseo sexual como de cocaína aumentaron al mismo tiempo y alcanzaron su pico aproximadamente 45 minutos después de la ingesta de la droga.

A los participantes se les pidió que puntuaran su probabilidad de usar un preservativo (en caso de existir uno inmediatamente disponible), así como su predisposición a esperar para conseguir uno antes de mantener relaciones sexuales según períodos de espera de 2 minutos, 5 minutos, 15 minutos, 30 minutos, una hora, tres horas y seis horas.

Se comprobó que las personas afirmaron tener una elevada predisposición a emplear un preservativo que estuviera disponible, con independencia de si estaban bajo los efectos de la cocaína o no: 80% frente al 87 por ciento, de forma respectiva. Sin embargo, al aumentar el tiempo de espera para utilizar el preservativo, la predisposición a mantener relaciones sexuales sin él es mayor si la persona está bajo los efectos de la cocaína. Por comparación, las personas que estaban tomando la dosis más elevada de cocaína tuvieron, en promedio, una probabilidad de un 40% de poder esperar una hora para usar un preservativo, mientras que las mismas personas tuvieron una probabilidad del 60% de esperar tanto tiempo cuando recibieron el comprimido sin cocaína.

Del mismo modo, cuando estuvieron bajo el efecto de cualquiera de las dosis probadas de cocaína, las personas fueron más propensas que las que no tomaban la droga a no utilizar un preservativo aunque existiera una posibilidad elevada de adquirir una ITS. Por ejemplo, cuando se les planteó que las probabilidades de adquirir una ITS eran de una entre 2.000, algo más del 40% de las personas que estaban bajo el efecto de la dosis más elevada de cocaína se mostraron dispuestas a usar un preservativo, mientras que este porcentaje estuvo en torno al 70% cuando los participantes no tomaron cocaína.

Para los autores, la conclusión es que la cocaína parece aumentar el deseo sexual y aunque las personas que están bajo sus efectos afirman que probablemente utilizarían un preservativo si tuvieran uno en una situación que implicara una relación de riesgo, en el caso de no disponer de un preservativo, esta droga les haría estar menos dispuestas a aplazar la relación sexual hasta conseguir uno. Es decir, se vuelven más impacientes cuando se trata de esperar por el sexo.

Para determinar si la “impaciencia” de las personas bajo los efectos de la cocaína se extendía a otras situaciones no sexuales, a los participantes se les ofreció una hipotética elección entre recibir una pequeña cantidad de dinero ese mismo día o esperar (un día, una semana, un mes, seis meses, un año, cinco años o 25 años) para recibir 100 dólares. No se observaron diferencias entre las personas que tomaron cocaína y las que no en cuanto a su predisposición a esperar los distintos periodos de tiempo. Estos resultados sugieren que la impaciencia se refiere de forma específica al sexo y no se extiende a otras actividades, como sería una recompensa económica.

Este estudio puede ayudar a explicar por qué las personas que consumen cocaína de forma habitual están más predispuestas a adoptar conductas sexuales de riesgo cuando están bajo la influencia de la droga. El equipo de investigadores sabía que las personas que consumen cocaína de forma habitual tienen un riesgo más elevado de presentar el VIH (véase La Noticia del Día 17/07/2015) y otras infecciones de transmisión sexual (ITS), pero sus hallazgos sugieren que la “impaciencia sexual” podría explicar al menos en parte este mayor riesgo.

Según los autores, también pone de relieve por qué las autoridades públicas de salud y el personal médico deben garantizar que a estas personas se les ofrezcan preservativos para prevenir la propagación de las ITS y otras estrategias de reducción de riesgos.

No obstante, el equipo de investigadores admite que su estudio tiene limitaciones y, así, reconoce que sus hallazgos se basan en situaciones sexuales hipotéticas y no en situaciones de la vida real, y que las personas voluntarias ingirieron la cocaína en un comprimido en lugar de esnifarla o fumarla, como sería más habitual, por lo que cabe la posibilidad de que eso afecte a los efectos de la droga.